Nuevo producto bibliotecario de Sociologica Humantatis!!


Sociologica Humanitatis ha desarrollado un nuevo producto bibliotecario!!

 Siempre hemos dicho que tenemos todo lo que se pueda buscar en sociología. Alcanza leer la presentación de la página para conocer el enorme trabajo de investigación realizado.

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 Atte.

Sociólogos en el Espacio

 

 

VI Jornadas de Sociología UNLP – Mesa Especial -


MESA ESPECIAL DEL COLEGIO DE SOCIÓLOGOS DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

VIERNES 10 DE DICIEMBRE – DE 12.30 A 14.OO HS

La sociología como profesión: aportes para el debate acerca de la práctica profesional de los sociólogos en la Argentina contemporánea.

 
COORDINADOR

 
Lic. Enrique Fernández Conti. Docente de la Universidad Nacional de La Plata (Fahce y Cs. Económicas). Ex- Vicepresidente del Colegio de Sociólogos de la Provincia de Buenos Aires. LEY 10307.

 
CONFERENCISTAS
 
Lic. Julio Testa. Investigador del CEIL-PIETTE-CONICET. Director del Laboratorio de Análisis Ocupacional – Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.
 
Lic. Lucas Rubinich. Ex Director de la Carrera de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Editor del Libro: ¿Qué hacen los sociólogos?
 
Lic. Rodolfo García Silva. Miembro del Comité Organizador de la Reunión Científica: Los Usos de la Sociología.
 
Mgs. Ana Feldman. Vicepresidente SAIMO, Sociedad Argentina de Investigadores de Marketing y Opinión.

Lic. Alejandro Aníbal Terriles. Presidente del Colegio de Sociólogos de la Provincia de Buenos Aires. LEY 10307.

 
Durante el transcurso de la última década se han producido cambios sustantivos en la estructura del mercado laboral de la profesión. La diversificación de la actividad laboral de los sociólogos en nuevas áreas de especialización e incumbencias, sumados a distintos requerimientos laborales solicitados a los profesionales -ya sea en el sector privado como el sector público-, demandan a la comunidad académica y las organizaciones que regulan el ejercicio de la actividad profesional, la construcción de agendas comunes en cuanto al tratamiento de los tópicos mencionados.
 
Se pretenderá dar cuenta de los aportes realizados por distintos colegas que trabajan sobre estas temáticas, sumando voces y perspectivas para el enriquecimiento del debate sobre la inserción laboral de los sociólogos.
 
En el marco de esta Mesa Especial el Colegio de Sociólogos de la Provincia de Buenos Aires presentará el Observatorio Sociológico, espacio de investigación e intervención sobre la realidad social de la Provincia.

Más Información sobre las VI Jornadas:
http://jdsunlp.fahce.unlp.edu.ar/

 

Conferencia de Tzvetan Todorov en Buenos Aires


Conferencia de Tzvetan Todorov: “Barbarie, civilización, culturas” y “Totalitarismo y ultraliberalismo” (Fundación OSDE, Argentina) 

Tzvetan Todorov dictará en el espacio de la Fundación OSDE las conferencias “Barbarie, civilización, culturas” (2 de noviembre, 18:00 hs.) y “Totalitarismo y ultraliberalismo” (4 de noviembre, 18:00 hs.). La actividad se llevará a cabo en el Salón Auditorio Ing. Héctor Amorosi (Av. Leandro N. Alem 1067 2° subsuelo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires).

La entrada es libre y gratuita, pero requiere inscripción previa telefónica (0810-333-36733) o a través de la página web http://www.fundacionosde.com.ar.

Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010


Para los que estén interesados en obtener un trabajo temporal y cumplan los requisitos solicitados, Sociologica Humanitatis, les presenta esta oportunidad:

Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010

Un Mundo Nuevo y Cruel – entrevista con Zygmunt Bauman


Gentileza del Dr. Robinson Salazar Pérez

El sociólogo que sacudió a las ciencias sociales con su concepto de “modernidad líquida” advierte, en una entrevista exclusiva, que hay un temible divorcio entre poder y política, socios hasta hoy inseparables en el estado-nación. En todo el mundo, dice, la población se divide en barrios cerrados, villas miseria y quienes luchan por ingresar o no caer en uno de esos guetos. Aún no llegamos al punto de no retorno, dice con un toque de optimismo.

Por: Héctor Pavón
 
How to spend it…. Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que “cualquiera” se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto “no tienen otra opción que ir a por uno mejor…” Esta cosmovisión le sirvió a Zygmunt Bauman para teorizar sobre cuestiones imprescindibles y así intentar comprender esta era. La idea de felicidad, el mundo que está resurgiendo después de la crisis, seguridad versus libertad, son algunas de sus preocupaciones actuales y que explica en sus recientes libros: Múltiples culturas, una sola humanidad (Katz editores) y El arte de la vida (Paidós). “No es posible ser realmente libre si no se tiene seguridad, y la verdadera seguridad implica a su vez la libertad”, sostiene desde Inglaterra por escrito.

Bauman nació en Polonia pero se fue expulsado por el antisemitismo en los 50 y recaló en los 60 en Gran Bretaña. Hoy es profesor emérito de la Universidad de Leeds. Estudió las estratificaciones sociales y las relacionó con el desarrollo del movimiento obrero. Después analizó y criticó la modernidad y dio un diagnóstico pesimista de la sociedad. Ya en los 90 teorizó acerca de un modo diferente de enfocar el debate cuestionador sobre la modernidad. Ya no se trata de modernidad versus posmodernidad sino del pasaje de una modernidad “sólida” hacia otra “líquida”. Al mismo tiempo y hasta el presente se ocupó de la convivencia de los “diferentes”, los “residuos humanos” de la globalización: emigrantes, refugiados, parias, pobres todos. Sobre este mundo cruel y desigual versó este diálogo con Bauman.

Uno de sus nuevos libros se llama Múltiples culturas, una sola humanidad. ¿Hay en este concepto una visión “optimista” del mundo de hoy?

Ni optimista ni pesimista… Es sólo una evaluación sobria del desafío que enfrentamos en el umbral del siglo XXI. Ahora todos estamos interconectados y somos interdependientes. Lo que pasa en un lugar del globo tiene impacto en todos los demás, pero esa condición que compartimos se traduce y se reprocesa en miles de lenguas, de estilos culturales, de depósitos de memoria. No es probable que nuestra interdependencia redunde en una uniformidad cultural. Es por eso que el desafío que enfrentamos es que estamos todos, por así decirlo, en el mismo barco; tenemos un destino común y nuestra supervivencia depende de si cooperamos o luchamos entre nosotros. De todos modos, a veces diferimos mucho en algunos aspectos vitales. Tenemos que desarrollar, aprender y practicar el arte de vivir con diferencias, el arte de cooperar sin que los cooperadores pierdan su identidad, a beneficiarnos unos de otros no a pesar de, sino gracias a nuestras diferencias.

Es paradójico, pero mientras se exalta el libre tránsito de mercancías, se fortalecen y construyen fronteras y muros. ¿Cómo se sobrevive a esta tensión?

Eso sólo parece ser una paradoja. En realidad, esa contradicción era algo esperable en un planeta donde las potencias que determinan nuestra vida, condiciones y perspectivas son globales, pueden ignorar las fronteras y las leyes del estado, mientras que la mayor parte de los instrumentos políticos sigue siendo local y de una completa inadecuación para las enormes tareas a abordar. Fortificar las viejas fronteras y trazar otras nuevas, tratar de separarnos a “nosotros” de “ellos”, son reacciones naturales, si bien desesperadas, a esa discrepancia. Si esas reacciones son tan eficaces como vehementes es otra cuestión. Las soberanías locales territoriales van a seguir desgastándose en este mundo en rápida globalización.

Hay escenas comunes en Ciudad de México, San Pablo, Buenos Aires: de un lado villas miseria; del otro, barrios cerrados. Pobres de un lado, ricos del otro. ¿Quiénes quedan en el medio?

¿Por qué se limita a las ciudades latinoamericanas? La misma tendencia prevalece en todos los continentes. Se trata de otro intento desesperado de separarse de la vida incierta, desigual, difícil y caótica de “afuera”. Pero las vallas tienen dos lados. Dividen el espacio en un “adentro” y un “afuera”, pero el “adentro” para la gente que vive de un lado del cerco es el “afuera” para los que están del otro lado. Cercarse en una “comunidad cerrada” no puede sino significar también excluir a todos los demás de los lugares dignos, agradables y seguros, y encerrarlos en sus barrios pobres. En las grandes ciudades, el espacio se divide en “comunidades cerradas” (guetos voluntarios) y “barrios miserables” (guetos involuntarios). El resto de la población lleva una incómoda existencia entre esos dos extremos, soñando con acceder a los guetos voluntarios y temiendo caer en los involuntarios.

¿Por qué se cree que el mundo de hoy padece una inseguridad sin precedentes? ¿En otras eras se vivía con mayor seguridad?

Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas específicos y sus pesadillas, y crea sus propias estratagemas para manejar sus propios miedos y angustias. En nuestra época, la angustia aterradora y paralizante tiene sus raíces en la fluidez, la fragilidad y la inevitable incertidumbre de la posición y las perspectivas sociales. Por un lado, se proclama el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron ); por otro lado, todo lo que ya se ganó y se obtuvo es nuestro “hasta nuevo aviso” y podría retirársenos y negársenos en cualquier momento. La angustia resultante permanecería con nosotros mientras la “liquidez” siga siendo la característica de la sociedad. Nuestros abuelos lucharon con valentía por la libertad. Nosotros parecemos cada vez más preocupados por nuestra seguridad personal… Todo indica que estamos dispuestos a entregar parte de la libertad que tanto costó a cambio de mayor seguridad.

Esto nos llevaría a otra paradoja. ¿Cómo maneja la sociedad moderna la falta de seguridad que ella misma produce?

Por medio de todo tipo de estratagemas, en su mayor parte a través de sustitutos. Uno de los más habituales es el desplazamiento/trasplante del terror a la globalización inaccesible, caótica, descontrolada e impredecible a sus productos: inmigrantes, refugiados, personas que piden asilo. Otro instrumento es el que proporcionan las llamadas “comunidades cerradas” fortificadas contra extraños, merodeadores y mendigos, si bien son incapaces de detener o desviar las fuerzas que son responsables del debilitamiento de nuestra autoestima y actitud social, que amenazan con destruir. En líneas más generales: las estratagemas más extendidas se reducen a la sustitución de preocupaciones sobre la seguridad del cuerpo y la propiedad por preocupaciones sobre la seguridad individual y colectiva sustentada o negada en términos sociales.

¿Hay futuro? ¿Se puede pensarlo? ¿Existe en el imaginario de los jóvenes?

El filósofo británico John Gray destacó que “los gobiernos de los estados soberanos no saben de antemano cómo van a reaccionar los mercados (…) Los gobiernos nacionales en la década de 1990 vuelan a ciegas.” Gray no estima que el futuro suponga una situación muy diferente. Al igual que en el pasado, podemos esperar “una sucesión de contingencias, catástrofes y pasos ocasionales por la paz y la civilización”, todos ellos, permítame agregar, inesperados, imprevisibles y por lo general con víctimas y beneficiarios sin conciencia ni preparación. Hay muchos indicios de que, a diferencia de sus padres y abuelos, los jóvenes tienden a abandonar la concepción “cíclica” y “lineal” del tiempo y a volver a un modelo “puntillista”: el tiempo se pulveriza en una serie desordenada de “momentos”, cada uno de los cuales se vive solo, tiene un valor que puede desvanecerse con la llegada del momento siguiente y tiene poca relación con el pasado y con el futuro. Como la fluidez endémica de las condiciones tiene la mala costumbre de cambiar sin previo aviso, la atención tiende a concentrarse en aprovechar al máximo el momento actual en lugar de preocuparse por sus posibles consecuencias a largo plazo. Cada punto del tiempo, por más efímero que sea, puede resultar otro “big bang”, pero no hay forma de saber qué punto con anticipación, de modo que, por las dudas, hay que explorar cada uno a fondo.

Es una época en la que los miedos tienen un papel destacado. ¿Cuáles son los principales temores que trae este presente?

Creo que las características más destacadas de los miedos contemporáneos son su naturaleza diseminada, la subdefinición y la subdeterminación, características que tienden a aparecer en los períodos de lo que puede llamarse un “interregno”. Antonio Gramsci escribió en Cuadernos de la cárcel lo siguiente: “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: en este interregno aparece una gran variedad de síntomas mórbidos”. Gramsci dio al término “interregno” un significado que abarcó un espectro más amplio del orden social, político y legal, al tiempo que profundizaba en la situación sociocultural; o más bien, tomando la memorable definición de Lenin de la “situación revolucionaria” como la situación en la que los gobernantes ya no pueden gobernar mientras que los gobernados ya no quieren ser gobernados, separó la idea de “interregno” de su habitual asociación con el interludio de la trasmisión (acostumbrada) del poder hereditario o elegido, y lo asoció a las situaciones extraordinarias en las que el marco legal existente del orden social pierde fuerza y ya no puede mantenerse, mientras que un marco nuevo, a la medida de las nuevas condiciones que hicieron inútil el marco anterior, está aún en una etapa de creación, no se lo terminó de estructurar o no tiene la fuerza suficiente para que se lo instale. Propongo reconocer la situación planetaria actual como un caso de interregno. De hecho, tal como postuló Gramsci, “lo viejo está muriendo”. El viejo orden que hasta hace poco se basaba en un principio igualmente “trinitario” de territorio, estado y nación como clave de la distribución planetaria de soberanía, y en un poder que parecía vinculado para siempre a la política del estado-nación territorial como su único agente operativo, ahora está muriendo. La soberanía ya no está ligada a los elementos de las entidades y el principio trinitario; como máximo está vinculada a los mismos pero de forma laxa y en proporciones mucho más reducidas en dimensiones y contenidos. La presunta unión indisoluble de poder y política, por otro lado, está terminando con perspectivas de divorcio. La soberanía está sin ancla y en flotación libre. Los estados-nación se encuentran en situación de compartir la compañía conflictiva de aspirantes a, o presuntos sujetos soberanos siempre en pugna y competencia, con entidades que evaden con éxito la aplicación del hasta entonces principio trinitario obligatorio de asignación, y con demasiada frecuencia ignorando de manera explícita o socavando de forma furtiva sus objetos designados. Un número cada vez mayor de competidores por la soberanía ya excede, si no de forma individual sin duda de forma colectiva, el poder de un estado-nación medio (las compañías comerciales, industriales y financieras multinacionales ya constituyen, según Gray, “alrededor de la tercera parte de la producción mundial y los dos tercios del comercio mundial”).

La “modernidad líquida”, como un tiempo donde las relaciones sociales, económicas, discurren como un fluido que no puede conservar la forma adquirida en cada momento, ¿tiene fin?

Es difícil contestar esa pregunta, no sólo porque el futuro es impredecible, sino debido al “interregno” que mencioné antes, un lapso en el que virtualmente todo puede pasar pero nada puede hacerse con plena seguridad y certeza de éxito. En nuestros tiempos, la gran pregunta no es “¿qué hace falta hacer?”, sino “¿quién puede hacerlo?” En la actualidad hay una creciente separación, que se acerca de forma alarmante al divorcio, entre poder y política, los dos socios aparentemente inseparables que durante los dos últimos siglos residieron –o creyeron y exigieron residir– en el estado nación territorial. Esa separación ya derivó en el desajuste entre las instituciones del poder y las de la política. El poder desapareció del nivel del estado nación y se instaló en el “espacio de flujos” libre de política, dejando a la política oculta como antes en la morada que se compartía y que ahora descendió al “espacio de lugares”. El creciente volumen de poder que importa ya se hizo global. La política, sin embargo, siguió siendo tan local como antes. Por lo tanto, los poderes más relevantes permanecen fuera del alcance de las instituciones políticas existentes, mientras que el marco de maniobra de la política interna sigue reduciéndose. La situación planetaria enfrenta ahora el desafío de asambleas ad hoc de poderes discordantes que el control político no limita debido a que las instituciones políticas existentes tienen cada vez menos poder. Estas se ven, por lo tanto, obligadas a limitar de forma drástica sus ambiciones y a “transferir” o “tercerizar” la creciente cantidad de funciones que tradicionalmente se confiaba a los gobiernos nacionales a organizaciones no políticas. La reducción de la esfera política se autoalimenta, así como la pérdida de relevancia de los sucesivos segmentos de la política nacional redunda en el desgaste del interés de los ciudadanos por la política institucionalizada y en la extendida tendencia a reemplazarla con una política de “flotación libre”, notable por su carácter expeditivo, pero también por su cortoplacismo, reducción a un único tema, fragilidad y resistencia a la institucionalización.

¿Cree que esta crisis global que estamos padeciendo puede generar un nuevo mundo, o al menos un poco diferente?

Hasta ahora, la reacción a la “crisis del crédito”, si bien impresionante y hasta revolucionaria, es “más de lo mismo”, con la vana esperanza de que las posibilidades vigorizadoras de ganancia y consumo de esa etapa no estén aún del todo agotadas: un esfuerzo por recapitalizar a quienes prestan dinero y por hacer que sus deudores vuelvan a ser confiables para el crédito, de modo tal que el negocio de prestar y de tomar crédito, de seguir endeudándose, puedan volver a lo “habitual”. El estado benefactor para los ricos volvió a los salones de exposición, para lo cual se lo sacó de las dependencias de servicio a las que se había relegado temporalmente sus oficinas para evitar comparaciones envidiosas.

Pero hay individuos que padecen las consecuencias de esta crisis de los que poco se habla. Los protagonistas visibles son los bancos, las empresas…

Lo que se olvida alegremente (y de forma estúpida) en esa ocasión es que la naturaleza del sufrimiento humano está determinada por la forma en que las personas viven. El dolor que en la actualidad se lamenta, al igual que todo mal social, tiene profundas raíces en la forma de vida que aprendimos, en nuestro hábito de buscar crédito para el consumo. Vivir del crédito es algo adictivo, más que casi o todas las drogas, y sin duda más adictivo que otros tranquilizantes que se ofrecen, y décadas de generoso suministro de una droga no pueden sino derivar en shock y conmoción cuando la provisión se detiene o disminuye. Ahora nos proponen la salida aparentemente fácil del shock que padecen tanto los drogadictos como los vendedores de drogas: la reanudación del suministro de drogas. Hasta ahora no hay muchos indicios de que nos estemos acercando a las raíces del problema. En el momento en que se lo detuvo ya al borde del precipicio mediante la inyección de “dinero de los contribuyentes”, el banco TSB Lloyds empezó a presionar al Tesoro para que destinara parte del paquete de ahorro a los dividendos de los accionistas. A pesar de la indignación oficial, el banco procedió impasible a pagar bonificaciones cuyo monto obsceno llevó al desastre a los bancos y sus clientes. Por más impresionantes que sean las medidas que los gobiernos ya tomaron, planificaron o anunciaron, todas apuntan a “recapitalizar” los bancos y permitirles volver a la “actividad normal”: en otras palabras, a la actividad que fue la principal responsable de la crisis actual. Si los deudores no pudieron pagar los intereses de la orgía de consumo que el banco inspiró y alentó, tal vez se los pueda inducir/obligar a hacerlo por medio de impuestos pagados al estado. Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad de consumo y crédito. La “vuelta a la normalidad” anuncia una vuelta a las vías malas y siempre peligrosas. De todo modos todavía no llegamos al punto en que no hay vuelta atrás; aún hay tiempo (poco) de reflexionar y cambiar de camino; todavía podemos convertir el shock y la conmoción en algo beneficioso para nosotros y para nuestros hijos.

Traduccion: Joaquin Ibarburu

 

Los sociólogos Touraine y Bauman, Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades


El jurado distingue a ambos, que optaban al premio de manera conjunta, por ser “creadores de instrumentos conceptuales singularmente valiosos para entender el cambiante y acelerado mundo en el que vivimos”

Zygmunt Bauman

El Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010 ha recaído en los sociólogos Alain Touraine y Zygmunt Bauman, que optaban al galardón de forma conjunta, según se ha hecho público este mediodía en Oviedo. El jurado ha distinguido a ambos, considerados dos de los máximos exponentes del pensamiento europeo actual, por ser “creadores de instrumentos conceptuales singularmente valiosos para entender el cambiante y acelerado mundo en el que vivimos”.

 

Alain Touraine

Esta candidatura conjunta se ha impuesto en la última votación al otro finalista de este premio, el ejecutivo japonés Shigeru Miyamoto, considerado el padre del videojuego moderno.

El sociólogo e historiador francés Alain Touraine (Hermanville-sur-Mer, 1925), fundador del Centro de Estudios para la Sociología del Trabajo de la Universidad de Chile, es, según el jurado, autor de “trabajos fundamentales” sobre la sociedad post-industrial que han permitido “entender e interpretar el sentido profundo de las grandes transformaciones de nuestra época, ofreciendo a la vez una reflexión continua y enriquecedora acerca de los problemas derivados de una convivencia necesaria por encima de las diferencias humanas”.

La sociología de la acción es el tema principal del trabajo de Touraine. Sus primeras investigaciones se dirigieron al estudio de la sociología del trabajo y la conciencia laboral, para centrarse más adelante en el análisis de los movimientos sociales, desde el Mayo del 68 hasta los alzamientos militares en Latinoamérica. Sus tesis más recientes se refieren al individuo como agente de los movimientos sociales. Fuerte opositor de las políticas neoliberales de la década de los 90, aboga por impulsar un nuevo movimiento social frente a la globalización, que en su opinión fragmenta a la sociedad y fomenta el individualismo, y subordinar este fenómeno al desarrollo de los derechos humanos, señala la Fundación Príncipe de Asturias.

La candidatura de Touraine fue presentada de forma conjunta con la del también sociólogo, de origen polaco y nacionalidad británica, Zygmunt Bauman (Poznan, 1925), que ha centrado sus investigaciones en la estratificación social y el movimiento obrero, así como en la naturaleza de la modernidad y la supuesta conexión de ésta con el Holocausto. Profesor universitario en distintos países, el acta del jurado destaca su estudio “a fondo de la condición social del hombre postmoderno en un mundo inestable y de valores perecederos”. “En su decisivo análisis de esta realidad, Bauman ha acuñado el término de ‘modernidad líquida’, agudamente desarrollado en su obra homónima”, añade el fallo.

Su análisis de los vínculos entre modernidad, nazismo y comunismo postmoderno le han otorgado un gran reconocimiento internacional. Ha contribuido al desarrollo de las ciencias sociales mediante la creación de conceptos como la teoría de la modernidad líquida, que define los tiempos actuales como una era de cambio y movimiento constante, en la que el hombre está huérfano de referencias consistentes y los conceptos son más inestables que nunca, indica la Fundación Príncipe de Asturias. Las teorías de Bauman han ejercido una gran influencia en los movimientos antiglobalización. Su obra ensayística, que comenzó en los años 50, alcanzó fama internacional en los 80 con títulos como Modernidad y Holocausto (1989), donde considera el exterminio de judíos por los nazis como un fenómeno relacionado con el desarrollo de la modernidad.

El galardón, dotado con 50.000 euros y la reproducción de una estatuilla diseñada por Joan Miró, es el tercero que se falla este año tras el de Artes, que fue para el escultor estadounidense Richard Serra, y el de Ciencias Sociales, que recayó en el equipo arqueológico de los Guerreros y Caballos de Terracota de Xian.

En ediciones anteriores el premio recayó, entre otros, en Hans Magnus Enzensberger, George Steiner, Umberto Eco, Jean Daniel, National Geographic, las revistas Science y Nature, Google y la Universidad Nacional Autónoma de México, que lo obtuvo el pasado año.

Los galardones serán entregados en otoño en Oviedo, en un acto presidido por el Príncipe de Asturias.

Fuente: El País – Madrid 27/05/2010

La argentinidad es una invención para hacernos gobernables


A 200 años del 25 de Mayo, el sociólogo Luis García Fanlo reniega del denominado “ser nacional” y también destruye la idea de que el país es un “crisol de razas”. El rechazo al inmigrante, al nativo y los sueños rotos de algunos “padres” de la Argentina son abordados en esta nota, la segunda de la serie sobre el Bicentenario que propone Rosario3.com

Para Fanlo “la bandera solo es reconocida por los colores de la camiseta de la selección”.

 

  Sabrina Ferrarese

A 200 años de aquellos primeros pasos dados en el campo de la independencia, es bueno mirarse al espejo. Quizás se puedan empezar a oír algunas respuestas sobre la identidad del argentino, apoyadas en la lejanía del tiempo y esa posibilidad que brinda de reconstruir y delucidar el revés de la trama que teje la historia oficial. Y en eso está el sociólogo porteño Luis García Fanlo, quien con una visión crítica sobre lo contado, derriba algunas máximas celestes y blancas que siguen vivas.

Investigador del Área de Estudios Culturales del Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG-UBA), se distancia del ser nacional argentino que comparte defectos y virtudes y de aquel país que alguna vez fue el puerto deseado de miles de inmigrantes que recalaban de este lado para hacer el Nuevo Mundo. El profesor Fanlo, en cambio, prefiere usar otras palabras para reconstruir estos 200 años: argentinidad, poder, imposición, explotación económica y opresión ético-cultural, entre otras.

Rosario3.com tuvo un contacto vía mail con quien también tiene un blog donde reflexiona sobre varios temas. Aquí, las preguntas y respuestas de esta entrevista virtual.

A través de estos 200 años, ¿se puede hablar de la existencia de un ser nacional? En ese caso, ¿qué lo define, cómo se compone y cuáles son sus características?

—Hablar de un “ser nacional” remite a un “espíritu” o “alma” que sería previo y anterior a los individuos, una esencia que los individuos encarnarían y que sería independiente de todo tiempo, lugar, y condiciones históricas. Desde mi punto de vista lo que existen son modos y formas de ser, producto de determinadas condiciones históricas de existencia, no obstante estos modos y formas de ser argentinos no son la “argentinidad”. La “argentinidad” es lo que produce los modos y formas de ser argentinos. La “argentinidad” es una invención para hacer a los argentinos y argentinas gobernables.

¿Hay una Argentina o son varias?

—La  “argentinidad” es un discurso que se hace cuerpo, argentinidad inscripta en el cuerpo, en un conjunto de prácticas que a lo largo del tiempo han sido naturalizadas como propias de un argentino “normal”, esto es que vive su vida de acuerdo a las reglas del sentido común, tanto como productor como consumidor. Si la argentinidad está inscripta en el cuerpo entonces las distintas modalidades o identidades del ser argentino (provinciano, mujer, niño, viejo, adolescente, hincha de fútbol, creyente, peronista o radical, etc.) son como la vestimenta del cuerpo. No existen varias Argentinas así como no existe “una” Argentina, lo que existen son representaciones sobre la Argentina que luchan por imponerse una a la otra invocando ser la verdadera, de modo que lo que está implicado en esta lucha es una cuestión de saber y de poder.

Es muy común utilizar y escuchar el concepto “crisol de razas”. ¿Cuándo surge en nuestro país y por qué? ¿Usted considera que sólo se ha logrado (otro concepto muy usado) un “mosaico de razas” en Argentina?

—De tanto repetirlo el discurso sobre el crisol de razas que definiría la naturaleza de la sociedad argentina terminó convirtiéndose en una verdad naturalizada. “Es obvio que la Argentina es un crisol de razas”, “Es obvio que ese crisol de razas fue producto de la inmigración”. En Argentina la base social material de la argentinidad había sido estigmatizada, perseguida y casi aniquilada durante el siglo XIX (desprecio por lo español y el gaucho, formas de nombrar la barbarie sarmientina) lo que daba por resultado esa población nativa cuantitativamente pequeña en relación a la masa inmigratoria. ¿Cómo evitar que la Argentina se convirtiera en un manojo intercultural de nacionalidades? Inventando la argentinidad. Los inmigrantes, como en Estados Unidos, tenían que asimilarse a lo nativo, pero como lo nativo había sido literalmente aniquilado había que inventar algo que sirviera para asimilar a los inmigrantes, por eso hasta principios del siglo XX el término argentinidad no existía y tuvo que ser inventado. Había que producir una nueva clase de sujetos argentinos, una raza argentina decían en aquella época, que fuera algo nuevo y superior, por eso la metáfora del crisol a veces se malentiende. Crisol en el sentido literal, fundir todo lo existente en el fuego de la argentinidad, que eliminara todo vestigio de barbarie o inferioridad, y hacer aparecer un sujeto nuevo, puro, dócil, feliz, superior, civilizado, totalmente adaptado a los requerimientos de la naciente sociedad capitalista argentina.

El concepto de “crisol de razas” sugiere una integración. Sin embargo, la población negra prácticamente desapareció y también hubo un exterminio de la población indígena. ¿Tiene que ver esto con un proyecto de país?

—Hubo que inventar una forma de ser argentina. Por eso las tecnologías asimilacionistas que implementó el Estado argentino abarcaban tanto a los inmigrantes como a la población nativa. Todos debían ser argentinizados en una argentinidad científicamente diseñada por los sociólogos positivistas de aquel tiempo. El crisol de razas fue entonces una tecnología aplicada para hacer gobernables a los argentinos en el registro de la gubernamentalidad, es decir, “conducir-conductas”, construyendo campos posibles de experiencias –adecuadas y funcionales a la reproducción del orden social– que marcaban los límites dentro de los cuales se podía ser un argentino “libre, normal, civilizado, integrado, asimilado, sano”. De modo que el crisol de razas argentino hizo carne y alma en los inmigrantes y nativos una moral argentina cuyos principales pilares debían ser la cultura del trabajo (un buen argentino ama el trabajo), la aspirabilidad (conformarse con ser lo que a cada uno le tocó ser en la vida y solo aspirar dentro de esos límites), y el patriotismo escolar (nos une la bandera, los próceres, los símbolos nacionales, y el ritual de las fiestas patrias). ¿Qué tipo de gubernamentalidad se quería asegurar haciendo cuerpo esta moral? La conciliación de clases.

¿Cómo analiza a través de estos doscientos años la figura del inmigrante? ¿Qué diferencias ve entre las distintas corrientes de inmigración, incluida la actual o más reciente, con la llegada de ciudadanos de países vecinos que llegan en busca de mejores oportunidades?

—Cuando Alberdi enuncia que “gobernar es poblar” propone un trasplante poblacional que reemplace a la población nativa por la extranjera que sería más civilizada, es decir, alemanes, franceses e ingleses. Como los inmigrantes fueron italianos, españoles, eslavos, judíos, etc. los sucesores de Alberdi consideraron que esta inmigración degeneraba la raza argentina, por lo cual debían ser o argentinizados (dejar de ser lo que eran para convertirse en “argentinos”) o repatriados (Ley de Residencia) o castigados (Ley de Defensa Social). Lo interesante es que los inmigrantes venían a la Argentina a trabajar e integrarse (no eran todos anarquistas como dice el sentido común), pero las condiciones de existencia que se les imponían en términos de explotación económica y opresión ético-cultural los llevaban a hacerse anarquistas. Lo mismo ocurre hoy con los inmigrantes de países limítrofes. Mientras trabajen en maquilas y en negro, y no pretendan ser tratados iguales que un argentino, son bienvenidos; sino son estigmatizados, reprimidos, y discriminados.

—¿Considera que ha habido algún avance en los últimos tiempos en los derechos de las comunidades indígenas? ¿Por qué no se ha podido integrar con mayor fuerza esta población que en su mayoría carece de vivienda y condiciones básicas de subsistencia?

—No se trata de integrar a los pueblos indígenas, eso fue precisamente lo que se intentó hacer tanto con ellos, como con los gauchos, como con los inmigrantes. Integrar significa que tienen que dejar de ser lo que son para convertirse en otra cosa. La argentinidad nació sobre la sangre, sudor y expropiación de los pueblos indígenas. Hasta que la sociedad argentina no haga esa reflexión y actúe en consecuencia, hablar de avances o retrocesos legales, por ejemplo, carece de importancia.

¿Yo argentino?

—¿Qué tiene el argentino de los pueblos originarios?

—No sé qué tienen los argentinos, lo que puedo decirle es que la argentinidad no sólo no tiene nada sino que se construyó precisamente para que los argentinos y argentinas no se reconocieran nunca con los pueblos originarios.

—¿Qué símbolos nos unen cómo argentinos? ¿Qué es más fuerte, la bandera o el fútbol?

Hay rituales, hay lo que yo llamo “sistemas prácticos”, prácticas ritualizadas que todo “buen” argentino tiene que realizar para reconocerse a sí mismo y ser reconocido como tal, “el asadito”, por ejemplo, o creer que “Dios es argentino” y por eso todo vale. Los Ilegalismos son un sistema práctico de la argentinidad. En cuanto a los símbolos la bandera solo es reconocida por los colores de la camiseta de la selección y la estrofa del Himno que se entona antes del partido. Sea como sea son el legado de la argentinidad y su patriotismo escolar. Se hizo hace poco una encuesta: la mayoría no tiene idea de qué bicentenario es que se habla tanto, pero un ministro nacional dice que se conmemoran 200 años de nuestra independencia.

—¿Existe una cultura nacional? ¿Cuáles son sus características?

—Existe la cultura, sin adjetivaciones. Existe un modo y forma de ser, una subjetividad, como en cualquier otro país del mundo, y la argentinidad es solo la manera particular que asume la cultura en la Argentina. Hay que dejar de pensar que somos “especiales” o “excepcionales” según la ficción patriótica inventada por Bartolomé Mitre y reproducida hasta convertirse en sentido común. Y lo digo en ambos sentidos en que puede ser entendida esa “excepcionalidad”: no somos ni los mejores ni los peores del mundo, lo que nos pasa ha pasado, pasa y pasará en todas las sociedades humanas, somos una particularidad sin adjetivaciones. Intentar describir y explicar esa particularidad en forma crítica es lo que orienta mi trabajo de investigación, y próximamente se publicará mi libro “Genealogía de la argentinidad” que espero sirva como aporte para pensar la problemática de la argentinidad de otro modo al que usualmente se viene haciendo desde hace cien años a esta parte.

Fuente:  Diario Rosario3.com – 14/5/10

 

 

 

Definición de SOCIOLOGIA según la Revista Humor en el año 88


Gentileza de Damian Skvarca, atento lector de Sociologica Humanitatis

Una preguntita…


SOS: Save Our Sociology


Protesta en la Universidad de Birmingham

SOS: Save Our Sociology

Activistas de “Save our Sociology” de la Universidad de Birmingham, realizaron una ruidosa marcha frente al Concejo Directivo, el jueves de la semana pasada

La protesta fue parte de una campaña contra los planes de cerrar el departamento de sociología y poner en riesgo los cargos de más de una docena de catedráticos.

Los trabajadores y estudiantes han organizado numerosas protestas desde que se anunciaron los planes de cierre.

Ellos dicen que los planes afectarían la calidad de los Medios de Comunicación, la Cultura y a la Sociedad en su conjunto.

La protesta se organizó para hacerla coincidir con la reunión del Concejo Directivo que votó continuar con el así llamado proceso de “consulta”.

Los manifestantes dicen que dicho proceso es falaz y que han fallado en tratar de involucrar tanto a estudiantes como al personal. Quieren que se retrotraiga al punto en el que se encontraban antes de anunciar el cierre de la carrera.

Más de 6.500 personas han fimado un petitorio on line pidiendo que la carrera se mantenga abierta.

Si lo desea puede direccionarse a keepsociologyatbirmingham.com y firmar también el petitorio

Fuente: Editado en Socialistworker – Traducido por Sociologica Humanitatis

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In Memoriam Pedro Krotsch



Adiós querido Pedro

Por Dora Barrancos *

La Sociología argentina pierde, con la muerte de Pedro Krotsch**, a un oficiante de fuste y nuestra sociedad a una figura de gran estatura moral, de singular fidelidad a los ideales mayores de justicia y equidad a los que adhirió desde muy joven. Amenazado por la Triple A, Pedro debió exiliarse con su familia en México de donde regresó a inicios de la recuperación democrática. Sus contribuciones en el campo de la educación, y especialmente los cuestionamientos que efectuó a la enseñanza superior, constituyen un legado para su transformación, por lo que bregó de modo incansable. Su compromiso en este terreno lo llevó a editar la revista Pensamiento Universitario, una empresa que sostuvo con su peculio y que pudo mostrar buena parte de la crítica local en la materia. Fue uno de los impulsores centrales del proyecto de Doctorado en Ciencias Sociales en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en la que era profesor. Dirigió el Instituto Gino Germani de esta Facultad. Pero sobre todas sus realizaciones, deseo evocar en el entrañable Pedro que nos deja, el apego a un modo de ser en el que sólo había lugar para las responsabilidades, los principios y las convicciones. Solía obsesionarse con las razones profundas de nuestras debilidades como sociedad, con nuestras incapacidades para fortalecer a las instituciones republicanas cuyo déficit amenazaba los proyectos progresivos de largo plazo. Lo recordaremos por su alegría fragorosa, por la calidez de sus gestos fraternos, por el cóncavo inagotable de buena fe que lo moldeaba. Pedro fue un ejemplar humano excepcional y me honra, a la hora de esta tristeza infinita, haber sido su amiga de tantísimos años.

Sus restos son velados en Malabia 1662, sala A.

* Socióloga y doctora en Historia. Profesora Consulta, Fac. Ciencias Sociales, UBA.

Fuente: Página 12 – Lunes 13 de Julio

La Polémica entre la Sociología y la Historia


Repensando una antigua polémica entre historiadores y sociólogos. El debate Simiand – Seignobos y algunos dilemas de la historiografía contemporánea. (selección de texto)

Por Fernando Devoto

En 1903 la Révue de Synthese Historique que dirigía Henri Berr publicaba dos largos textos de François Simiand bajo el título general unitario de “Methode Historique et sciense sociales” (…) el eje de un debate con otros historiadores como Ch. Seignobos (…) Era en realidad una virulenta crítica exclusivamente contra el libro que este último había publicado en 1901 con el título de La méthode historique appliquée aux science sociales (…) Las polémicas entre historiadores o entre historiadores y otros científicos sociales acerca de la naturaleza, el objeto y el método de la disciplina eran moneda corriente entre esos años en Francia y fuera de ella

Fueron las generaciones de historiadores posteriores las que vieron en ese debate el punto de arranque entre dos concepciones de hacer la historia, proyectando allí los orígenes teóricos de la nouvelle histoire. Y no es tal vez innecesario recordar que ese camino que convirtió al texto de Simiand en el manifiesto de la nueva generación pasaba a través de las continuas referencias elogiosas de Marc Bloch y Lucien Febvre (…) [Simiand] en 1903 era tan sólo un joven discípulo de Durkheim que no había cumplido los treinta años ni terminado su doctorado

(…) Pero la importancia de aquel debate no tiene que ver sólo creo con el texto de Simiand y con los orígenes de la nouvelle historique sino también con la figura de su adversario. Seignobos, el ya por entonces prestigioso profesor de Metodología Histórica de la Sorbona, continuó proyectando su sobre a lo largo del siglo y no sólo como prototipo caricatural de aquella historia “historizante” (…) Los ejes del debate (…) son tres: en torno al modelo de ciencia, en torno al método, en torno a la relación entre las distintas ciencias sociales (…) En tanto nueva disciplina universitaria, la historia aparecía así necesitada de una legitimación que la distinguiese por un lado de las clásicas ciencias físico-naturales como así también de las antiguas humanidades clásicas (…) La búsqueda de definir esta cientificidad (…) será el objeto que se propondrá Seignobos.(…) definir la cientificidad de la historia partiendo no de problemas metafísicos “desprovistos de todo interés” sino desde punto de vistas prácticos (…) La cientificidad de la historia servía así para legitimar la aspiración al monopolio del saber por un grupo profesional (los historiadores universitarios) excluyendo de la disciplina a los historiadores ajenos  a la corporación y a la generación anterior (o si se prefiere dividiendo en dos a la misma: una erudita o académica o científica, la otra asistemática, artística o amateur)

Definir el carácter de la ciencia histórica a partir de la práctica del historiador llevó a Seignobos a proponer una definición de la historia como una ciencia de conocimiento indirecto: sostenía que, a diferencia de las ciencias de observación directa, el historiador no puede conocer los hechos sino tan sólo las huellas de los mismos: los documentos. La historia deviene así no una ciencia del pasado sino un método científico de estudio de los documentos de ese pasado (…) El historiador (…) sólo puede entonces tratar de establecer los hechos a través de la crítica de los documentos (crítica que permite ascender del documento al hecho). Luego de establecidos los hechos individuales el historiador debe operar con ellos agrupándolos en grandes conjuntos de hechos simultáneos por un lado, sucesivos por el otro.

(…) Es evidente que más allá de cuáles sean los méritos epistemológicos de la propuesta, ella fuerza desde sus presupuestos al historiador a ejercer su disciplina como una ciencia eminentemente descriptiva (…) El historiador queda así inhibido de ir más allá de la simple comprobación de los hechos y de algunas operaciones sencillas de agrupamiento que especialmente en su dimensión temporal le permiten observar la evolución social pero no comprenderla.

(…) El historiador recorta así drásticamente su horizonte de posibilidades y al hacerlo en realidad pone en cuestión no tanto la utilidad de la historia (…) ni su función social (…) sino su aspiración científica y por ende su legitimidad como disciplina universitaria.

La propuesta de Seignobos por otro lado no se reducía al mundo de los historiadores sino que se proyectaba hacia las otras nuevas ciencias sociales (…) Al definirlas, el autor de La methóde excluía la sociología.

(…) Seignobos proponía un diálogo entre las distintas ciencias históricas y sociales que colocaba a la historia tradicional en el centro del cuadro descriptivo y que proyectaba sus métodos de crítica de documentos a las otras disciplinas.

Si fuera necesario buscar un motivo para la polémica que no fuera estrictamente historiográfico se lo podría fácilmente encontrar en este último parágrafo. El debate confrontaba a un prestigioso representante de una disciplina dominante (…) con un joven estudioso de una disciplina nueva (la sociología) y por lo demás representante de un grupo, el de Durkheim y sus discípulos, que se encontraba en los bordes del sistema universitario francés

(…) El libro de Seignobos era una verdadera provocación para los sociólogos, los excluía de las ciencias sociales a la vez que prohijaba una integración de las restantes bajo la hegemonía de la historia. Exactamente lo opuesto a lo preconizado por los sociólogos durkheimianos los que sí compartían la idea de la unidad de la historia y las ciencias sociales y pensaban que esta debía realizarse bajo la hegemonía teórica de la sociología. El expediente polémico en exceso (…) era por lo demás común entre los durkheimianos.

(…) La posición defendida por Simiand tenía a su favor no sólo la voluntaria modestia de la propuesta de Seignobos sino también la de ser formulada desde la filosofía y no desde la historia artesanal (Simiand por lo demás, al igual que la mayoría de los primeros durkheimianos, poseía una licencia en la disciplina). El eje central de la propuesta del joven sociólogo era discutir la noción de ciencia defendida por Seignobos.

(…) Simiand no negaba que las concisiones para la constitución de una ciencia positiva fueran más difíciles en el campo social que en el de las ciencias naturales pero defendía la idea que entre aquellas y estas no existía una diferencia de naturaleza o una oposición. La idea de una radical oposición derivada del modo de conocimiento del objeto era un error ya que para Simiand ese conocimiento no era indirecto (como sostenía Seignobos) sino tan sólo mediato. Pero la asunción de estas semejanzas  entre ciencias físico-naturales y ciencias sociales obligaba a éstas a seleccionar el tipo de fenómenos a estudiar, descartando aquellos irrepetibles y por consecuencia contingentes (y no objeto de estudio científico) para concentrarse en aquellos otros hechos recurrentes, por ende constantes (y en tanto tales, pasibles de ser utilizados para la construcción de leyes)

(…) Así, concluye Simand, si el estudio de los hechos humanos quiere convertirse en ciencia positiva está obligado a desembarazarse de los hechos únicos para concentrarse en aquellos que se repiten, a descartar lo individual para concentrarse sobre lo regular, a eliminar lo individual para estudiar lo social.

(…) Un programa ambicioso y que sin duda por lo radical de sus proposiciones (que no dejaban espacio para ningún compromiso con la propuesta de la historia tradicional) y por el tono incendiario en el que estaba expuesto concitaría más rechazos que adhesiones en una corporación poderosa a la que se le exigía convertirse en una ciencia social perentoriamente.

(…) La influencia de Simiand no se limitó a su escrito polémico de 1903 sino que incluyó otros trabajos teóricos y sobre todo ciertos modelos de investigación empírica (…) que encontrarían largo eco entre los historiadores posteriore. Dicho esto, una división algo esquemática debería distinguir entre una influencia general, difusa, de las ideas de SImiand en cuanto a la característica de construcción inductiva de la ciencia histórica que se basa en la búsqueda de correlaciones recurrentes entre los fenómenos y, que encuentra una de sus vías de desarrollo en la historia comparada prohijada por algunos hombres de Annales.

(…) Ciertamente aquella influencia genérica de las propuestas de Simiand es muy evidente también en Braudel y sobre todo en esa masa ingente de investigaciones regionales que en los 50 y 60 buscaban establecer algunas correlaciones constantes entre fenómenos como la población y la estructura económica.

(…) La propuesta del discípulo de Durkheim tuvo, más allá de las dificultades, una gran estación en la segunda posguerra gracias a la influencia de Labrousse sobre toda una generación de historiadores. Paralelamente a la influencia difusa que observábamos en Braudel y en sus discípulos, otro conjunto de historiadores seguirían las huellas de Labrousse en cuanto a una historia serial que recuperaba todos los motivos polémicos hacia los ídolos de la tribu de los historiadores.

(…) La batalla de la nueva historia tuvo por otro lado dos incómodos compañeros de ruta en esos años de la posguerra, con los cuales compartiría la aversión hacia la forma tradicional de hacer historia: el marxismo, que finalmente adquiría un espacio en los ámbitos universitarios, y más tarde la new economic history anglosajona que iniciaba la conscripción de prosélitos en el viejo continente. Ambas lo hacían desde aquella lógica deductiva o abstracta que Simiand ya había condenado en los años iniciales del siglo. Los productos de estas versiones de la historia que aspiraban a arribar a resultados “científicos” fueron en cierta forma desilusionantes. El paradigma cuantitativo, que era finalmente el de las ciencias positivas, dio resultados mucho más magros de lo esperado.

(…) En un conocido artículo de 1979 publicado en Past and Present. Lawrence Stone daba cuenta de la situación. La historia estaba embarcándose en una nueva vieja historial Retornaban la narración y lo cualitativo, producto en parte del nuevo matrimonio de la historia con la antropología (…) Se estaba produciendo también una notable dilatación del campo historiográfico y una sucesiva fragmentación del mismo en un conjunto de “historias particulares”. ¿Estaban volviendo los viejos ídolos de la tribu de los historiadores? Ciertamente estaba retornando subrepticiamente el viejo paradigma y con él, Seignobos.

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